¿Qué es más urgente, la salud o la educación?
Hay preguntas que parecen sencillas, pero que esconden problemas mucho más profundos.
Una de ellas es esta: ¿qué es más importante, la salud o la educación? Mi respuesta no es que la educación sea más importante que la salud.
Digo algo distinto: la educación es hoy una emergencia más urgente de lo que estamos dispuestos a admitir. ¡Piénsalo bien!
Una persona que no lee habitualmente tiene cada vez más dificultades para pensar con profundidad. Leer no consiste solamente en conocer palabras. Leer amplía el vocabulario, permite comprender ideas, comparar argumentos, detectar contradicciones y construir respuestas. Cuando una sociedad deja de leer, no solamente pierde lectores: pierde cerebro… pierde capacidad para pensar.
Los resultados de las pruebas PISA deberían preocuparnos precisamente por eso. República Dominicana aparece rezagada, una y otra vez, en lectura y matemáticas. Ya es contumbre y casi cultura saber que somos los peores en eso. Y en esto hay algo particularmente inquietante: hablamos de las dos herramientas fundamentales para resolver problemas. Las matemáticas nos ayudan a desarrollar la lógica; la lectura nos da el lenguaje necesario para comprender los problemas y comunicar sus soluciones. Si fallamos en ambas, ¿cómo pretendemos formar ciudadanos capaces de resolver los grandes problemas del país? Por eso estamos como estamos y vamos hacia donde vamos.
Por eso propongo llamar a esta situación EEN: Emergencia Educativa Nacional. Y no estoy exagerando. Basta observar lo que ocurre en muchas universidades. Cada cierto tiempo aparecen noticias sobre estudiantes que utilizan inteligencia artificial para hacer trabajos completos sin leer una sola palabra, realizar tareas o incluso llenar examenes. Pero la tecnología no es el enemigo. El problema aparece cuando la utilizamos para sustituir aquello que precisamente deberíamos estar desarrollando: la capacidad de leer, comprender, razonar y pensar por nosotros mismos.
Y aquí aparece una pregunta todavía más incómoda: ¿por qué tantos jóvenes no quieren leer?
Porque una sociedad también educa a través de sus referentes. Durante años hemos construido una cultura en la que los grandes héroes de muchos jóvenes son artistas, influencers y personajes de la farándula que, en algunos casos, transmiten la idea de que estudiar es perder el tiempo, mientras que el éxito consiste únicamente en alcanzar fama, dinero o popularidad en un reality show. No podemos pedirle a un adolescente que ame los libros si hemos conseguido que sus modelos de éxito le enseñen exactamente lo contrario.
Pero todavía estamos a tiempo.
República Dominicana tiene miles de jóvenes valiosos, inteligentes, disciplinados y con deseos de superarse. El problema es que todavía son una muy reducida pequeña minúscula minoría. Nuestra tarea no consiste solamente en encontrar a esos jóvenes: consiste en multiplicarlos.
Tenemos que convertir esa minoría en una mayoría cultural. Si aspiramos algún día a que nuestra media mitad poblacional (25%) tenga hábitos sólidos de lectura, pensamiento crítico y formación intelectual como cultura intrínceca, debemos comprender que esto no ocurrirá de la noche a la mañana. Sociológicamente, transformar una cultura toma décadas. En nuestro caso tomará 40 años lograrlo. Si… 40 años.
Pero cuarenta años no son una excusa para no comenzar. Son precisamente la razón para comenzar hoy mismo.
Porque la educación que damos hoy determina los profesionales que tendremos mañana. Los médicos que atenderán a nuestros hijos, los maestros que educarán a nuestros nietos, los ingenieros que construirán nuestras ciudades y los dirigentes que tomarán decisiones sobre nuestro país están sentados ahora mismo en nuestras aulas.
Por eso no digo que la educación sea más importante que la salud. Digo que la educación es más urgente porque también determina la calidad de la salud que tendremos mañana. Una nación puede construir hospitales, comprar equipos y contratar médicos; pero si no forma ciudadanos capaces de leer, pensar, investigar y aprender, tarde o temprano tendrá problemas incluso para sostener esos avances.
La EEN no se resuelve de un día para otro. Tampoco con un discurso, una campaña o una publicación en redes sociales. Se resuelve construyendo una nueva cultura: padres que leen, maestros que leen, estudiantes que leen, profesionales que leen y comunidades que vuelven a considerar el conocimiento como una forma de prestigio.
Quizás no podamos cambiar a todo el país este año. Quizás tampoco podamos hacerlo en diez años.
Pero podemos comenzar con uno.
Y después con otro.
Y después con cien.
Hasta que algún día esa “muy reducida pequeña minúscula minoría” deje de ser tan pequeña.