Vuelve la normalidad a República Dominicana o estemos preparados para un rebrote por coronavirus

La conmemoración de la Semana Santa, ha sido el tiempo preciso, para demostrarle al mundo, que el coronavirus, por lo menos en República Dominicana, es cosa del pasado.

La ciudadanía, como era de esperarse luego de más de un año cerrado, se lanzó a las calles de sus pueblos, e hizo todo lo contrario a las recomendaciones de las autoridades de Salud Pública para evitar el contagio de la enfermedad que continúa provocando muertes.

¡En verdad, la gente se desacató, y de qué manera!!!

Las autoridades, se hicieron de la vista gorda; fue como decirles, disfruten, báñense, beban, no usen mascarillas, rompan el distanciamiento social, porque los resultados los veremos la próxima semana.

Los autobuses repletos de pasajeros, viajando para los pueblos, no cumplieron el distanciamiento social, lo que hacen al regresar a Santo Domingo.

Los hoteles, en los cuatro puntos cardinales, repletos de vacacionistas, algo muy bueno, ya que dinamiza la economía, una de las inquietudes del Gobierno, pero, acaso, estamos preparados para un rebrote del coronavirus por irresponsabilidad de las autoridades y nosotros mismos.

Y dónde está el sentido, que mientras el presidente Abinader acude a supervisar centros de vacunación el Sábado de Gloria, en el Distrito Nacional, miles y miles y dominicanos y extranjeros desafían la enfermedad y ríos, playas, piscinas, complejos hoteleros, campos y montañas?

Ojalá y Dios, Todopoderoso meta su mano, y que en los primeros diez días después de Semana Santa, no haya un rebrote del coronavirus, que obligue a cerrar el país de nuevo.

Los problemas se evitan, las enfermedades se evitan, pero las autoridades hicieron muy poco para evitar nada, como que ya todo está resuelto, lo que no es cierto, pero como decían nuestros viejos, “para un gustazo, un trancazo”, por lo que debemos estar preparados para recibir cualquiera de los dos.

Ojalá, y quienes hicieron todos los desasosiegos en Semana Santa, reciben un gustazo eterno, porque los trancazos, no se les pueden desear a nadie.

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