Afirman que María Corina Machado llegaría a Venezuela en semanas ya que su retorno es inminente

VENEZUELA.- El 7 de mayo del año pasado el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, confirmó que Estados Unidos había liderado una operación secreta para liberar a los cinco dirigentes de la oposición venezolana que se encontraban refugiados en la embajada argentina en Caracas.

Fueron más de 400 días de amenazas y asedio por parte de las fuerzas del ex dictador Nicolás Maduro, quien había recrudecido la persecución contra el entorno de María Corina Machado tras las elecciones del 28 de julio de 2024.

Dieciséis meses después, Maduro ya no está. El sucesor de Hugo Chávez se encuentra detenido en una cárcel de máxima seguridad en Nueva York, acusado de narcoterrorismo.

Pedro Urruchurtu, coordinador internacional de la Premio Nobel de la Paz, fue uno de los cinco opositores que estuvieron refugiados en la casa diplomática.

En los últimos días visitó Buenos Aires para participar de una serie de eventos sobre democracia y desafíos regionales, en el que fue su primer viaje a Argentina desde el rescate del grupo. En diálogo con Infobae, el dirigente opositor venezolano contó detalles de la persecución que sufrieron y cómo el operativo de rescate -encabezado por Washington- expuso fisuras dentro del aparato represivo venezolano que, con el tiempo, contribuyeron a la caída de Maduro.

Pero aunque Maduro ya no está en el poder, en cada viaje que hace al exterior, Urruchurtu se encuentra con el mismo reclamo de la diáspora venezolana: “Quieren votar”.

En ese sentido, afirmó que cualquier transición debe incluir el registro electoral de los millones de venezolanos que se encuentran en el exterior, así como “justicia, memoria y reparación” como condiciones indispensables para avanzar. Consultado sobre el proceso de diálogo iniciado entre un sector de la oposición y el chavismo, del cual el equipo de Machado decidió no formar parte, sostuvo que se mantienen expectantes y que evaluarán su desarrollo. Pero fue tajante respecto a la postura de su espacio: “Debe derivar en un calendario electoral y las condiciones para que haya una elección presidencial”.

También se refirió al acuerdo petrolero anunciado recientemente por Estados Unidos y Venezuela: advirtió que “la ausencia de institucionalidad y estado de derecho” vuelve insostenible cualquier proyecto económico de largo plazo, aunque remarcó que la oposición no se opone a acuerdos energéticos siempre que exista un gobierno legítimo que los respalde.

Anticipó, por su parte, que el regreso de María Corina Machado a Venezuela ocurrirá en cuestión de semana: “Su retorno es inminente”.

-Fueron más de 400 días en la embajada argentina en Caracas hasta que lograron escapar en mayo del año pasado. ¿Cómo atravesaron esa situación, y qué puedes contar de lo que fue el rescate?

-Todo lo que se denunció y se supo fue muy grave. Incluso este viaje me ha servido para conocer detalles de dinámicas o situaciones de quienes estaban al frente de las decisiones o quienes estaban buscando solucionar la tragedia que estaba ocurriendo en ese contexto, sumado al terrorismo de Estado que ocurría fuera de la embajada en el país. Enterarte aquí de cosas, de las decisiones o de las dificultades, de la presión del régimen, todo eso obviamente te genera siempre una mezcla de emociones.

-¿Presión hacia la Argentina?

-Claro. Y hacia nosotros, evidentemente. Entonces es un momento que me ha servido mucho para entender un poco esa parte. Tú, por ser un rehén, no te puedes enterar de todo, porque eso también te afecta. Creo que lo más grave fue el hecho de haber convertido una embajada en una prisión frente a los ojos del mundo. Es decir, omitiendo todo el derecho internacional, violando todas las convenciones habidas y por haber. Fue muy duro; porque fue poco a poco ir apretándote, quitándote las condiciones elementales de subsistencia con la intención de quebrarnos, y probablemente que nos entregáramos. Pero a medida que más nos apretaban, yo creo que más nos ratificábamos nosotros mismos que no nos íbamos a entregar y que íbamos a estar hasta lo último que pudiéramos. Y si nos tocaba quedarnos adentro, morir adentro, pero no entregarnos ni aceptar nada de lo que se nos acusaba injustamente. Hasta que se da el rescate, que evidentemente fue un esfuerzo coordinado de mucha gente dentro y fuera de Venezuela, pero esencialmente donde Estados Unidos jugó un rol decisivo, tanto en el rescate como en toda la movilización que nos permitió salir de allí. Obviamente hay muchos detalles que aún no se pueden saber, porque el nivel de ayuda y de involucramiento de actores fue muy importante y hay gente que sigue ayudando y que sigue manejando información.

-¿Te imaginabas en ese entonces que hoy, poco más de un año después, Venezuela iba a estar en esta coyuntura? Me refiero esencialmente a ya sin Maduro en Miraflores, y detenido en una cárcel de Estados Unidos.

-Yo creo que después del 28 de julio del 2024, por el nivel de terror que se sembró y la represión y el control desmedido y todo esto, sí parecía que era insostenible esa dinámica por mucho tiempo. Creo también que lo más importante de nuestro rescate y salida de la embajada es que evidenció primero unas grietas que existían ya en el aparato represivo. Y luego, les generó a ellos una gran contradicción y un gran temor. Nuestro escape vino a ser una suerte de un primer golpe muy fuerte al aparato represivo en su propia cara y que ahí se dieron cuenta que había cosas que había que tomarse en serio. Luego, por supuesto, con todo el despliegue militar en el Caribe, llegó un punto en el que nosotros sabíamos que algo iba a pasar. Eventualmente, sabíamos que todo este despliegue tenía un propósito. Quince meses después, yo creo que haber salido de allí era lo correcto, por lo que el régimen estaba pensando hacer contra nosotros, que era desaparecernos. Este año en el exilio también nos ha hecho entender que esto era un proceso en desarrollo, que era indetenible y que todavía estamos viendo un proceso y donde nosotros jugamos un rol clave a partir del liderazgo de María Corina para que esto derive en una transición de verdad, pero que evidentemente la salida de Maduro era indispensable.

-¿Crees que esas fracturas también facilitaron la captura de Maduro?

-Sí, sin duda. Y creo que hoy son las mismas contradicciones y fracturas que también están afectando al régimen. Porque primero es el mismo régimen que sigue en el poder, pero un régimen que hoy por sobrevivir ha tenido que negarse a sí mismo, su naturaleza ideológica y sus relaciones históricas. Y eso evidentemente les está generando fricciones, grietas, cuestionamientos, contradicciones, porque es un régimen que hoy se ve obediente ante los Estados Unidos; mismos Estados Unidos que hasta hace un año condenaban públicamente e insultaban. Creo que es un sistema donde, producto de una misma dinámica mafiosa como la de ese régimen, los grupos de poder chocan entre sí, buscan sobrevivir. Y eso revela una fuerte contradicción que yo creo que en el caso de Maduro se vio. Y creo que ahora también lo seguimos viendo con un aparato represivo que después del 3 de enero está bastante aplacado. No desmantelado porque sigue en pie, pero ha tenido que ceder, ha tenido que aplacarse, y por eso hemos visto una reducción dramática de la persecución como la vimos en ese terrorismo de estado desplegado. No quiere decir que no estén fastidiando, que no estén vigilando, que no estén esperando el momento para si fuera necesario ir más allá. Pero claramente hoy tienen una presión encima que les genera mucho estrés, mucha tensión, en un contexto donde ellos saben que están más débiles que nunca.

-¿Y cuán sostenible es esto?

-Mira, yo creo que después de los terremotos, el régimen demostró que no tiene la capacidad ni tampoco la intención de gestionar de una manera eficiente, porque no puede, es su naturaleza.

-¿La intención en qué sentido?

-De lavarse la cara, de si hubiera podido lavarse la cara y mostrarse como una gerente. Para diferenciarse del sistema del que ella fue parte, pero al final ratificó lo que el régimen es. Es decir, no hubo respuesta ante los terremotos y la respuesta que hubo fue tardía y fue ineficiente. Entonces, yo creo que incluso en un contexto donde Estados Unidos claramente ve en Venezuela una oportunidad, por la energía, por el petróleo, por todo lo que estamos viendo, al mismo tiempo se dan cuenta de que esto no es sostenible a largo plazo. Si no tienes institucionalidad, si no tienes estado de derecho, si no tienes garantías… Eso te complica mucho una lógica donde Estados Unidos requiere una Venezuela estable y un socio estable; lo de hoy representa todo lo contrario a orden y estabilidad. Nadie confía, la gente los detesta, la comunidad internacional los ve con duda y con temor, y eso no es sostenible para ninguna inversión a largo plazo. Partiendo además de que es un país que está bastante mermado en sus capacidades. Es decir, hoy para producir petróleo tienes que dejar a medio país sin electricidad. Reconstruir el sistema eléctrico toma tiempo. Es un régimen que ha demostrado que no tiene la capacidad de avanzar. Primero, porque probablemente no puede; y segundo, porque no tiene una vocación reformista, tiene una vocación de sobrevivir al sistema actual. Y yo creo que en esa dinámica de supervivencia, el régimen lo que está apostando es a que pase el tiempo e intentar superar esta etapa, pero consolidarse en el poder. Y ahí es donde entra de alguna manera la agenda democratizadora, donde entra el liderazgo de María Corina, de la oposición, de todo lo que estamos haciendo, como garante de que aquí al final haya una elección presidencial, que es lo que puede dar estabilidad real al sistema.

-Vos sos el coordinador internacional de María Corina. ¿Qué postura observas de parte de la comunidad internacional respecto a este momento de transición en Venezuela?

-Después de casi tres décadas de este proceso, en la comunidad internacional hay cierto escepticismo, cierta duda sobre el horizonte. Pero al mismo tiempo hay una plena conciencia en que hay un liderazgo legítimo, en que hay un movimiento y una sociedad venezolana que confía en ese liderazgo y que hoy, sin duda, hay una posibilidad de una transición y que al final ellos también necesitan una Venezuela democrática para tener estabilidad en el hemisferio. Sobre todo porque tienes también a los regímenes de Cuba y de Nicaragua, que son un problema, y donde una Venezuela democrática puede significar un bastión precisamente para tener una región no solo próspera, sino segura, porque el régimen viene a desestabilizar a la región, esa es la realidad. Entonces, yo creo que hay un entendimiento de que esto, por un lado, tiene que salir bien, porque una Venezuela democrática beneficia a muchos actores. Y también hay una intención de contribuir a la reconstrucción de Venezuela, porque al final la reconstrucción va más allá del petróleo. Y yo creo que los países de la región entienden esa oportunidad, pero la asocian a que tiene que haber democracia y respeto a los derechos humanos. Todavía hay presos políticos, como es el caso del argentino Germán Giuliani. Yo creo que hay un entendimiento y una disposición de acompañar la transición y de reincorporar a Venezuela en el sistema democrático, pero entienden que esto pasa porque haya una elección. Algunos quieren hacer creer que la agenda es contradictoria entre lo económico y lo democrático. Nosotros creemos que más bien es complementaria: la agenda democrática va de la mano con la agenda económica.

-En el último tiempo cambió la tendencia política de gran parte de los países de la región que, en su gran mayoría, están alineados entre sí y con Estados Unidos. ¿Esto colabora a este momento de Venezuela, y la búsqueda de elecciones?

-El contexto actual creo que es producto de una realidad regional donde no se puede entender la democracia sin seguridad, son conceptos hoy asociados. El crimen organizado como nunca se ha desplegado en la región, con Venezuela como uno de sus principales promotores a través del régimen. Obviamente, la migración sigue siendo un asunto muy serio; la tragedia de Venezuela también se ha traducido en que un tercio del país haya tenido que emigrar. Cuando uno ve el signo ideológico hoy en la región va muy asociado a eso. Más allá de que obviamente vemos una región más inclinada hacia la derecha, pero que al mismo tiempo se entiende de que no se puede terminar de concretar o consolidar una región segura, como muchos de estos gobiernos aspiran, si no tienes una Venezuela democrática. En el caso de Colombia, está claro, nosotros lo hemos dicho, pero creo que los mismos colombianos están claros de que jamás va a haber paz duradera en Colombia si no hay democracia en Venezuela. Mientras tengas un régimen que le dé cobijo a los enemigos del Estado colombiano, va a ser muy difícil construir la paz. Y lo mismo uno puede pensar en otros contextos de otros países. Entendiendo que hay una nueva dinámica regional en la que Estados Unidos también está mirando al hemisferio, como nunca antes. Estados Unidos durante mucho tiempo miró a otro lado en el mundo. Hoy hay una visión hacia el hemisferio muy importante. Toda su doctrina de seguridad y política exterior se está dirigiendo también a este hemisferio. Y eso creo que también marca un interés especial en muchos de estos gobiernos, que también tienen a Estados Unidos como su principal socio y aliado estratégico. A veces puede haber diferencias de criterio, en la dimensión temporal de cuándo se dan los cambios o cómo se concretan. Pero al final, yo creo que todos entienden que cuanto antes exista una Venezuela democrática, más fácil será consolidarse estos propios gobiernos, que también muchos van a enfrentar dinámicas de reelección o elecciones internas a diferentes niveles. Y por eso yo creo que están muy conscientes de que una elección presidencial en Venezuela en el corto plazo puede ayudar a contribuir a mejorar el clima en la región, en un contexto donde claramente los vientos son favorables hacia gobiernos más aliados a las ideas que defendemos, de libre mercado, propiedad privada, de democracia, etcétera. Pero donde al final el componente de seguridad va intrínsecamente asociado. No se puede pensar la región sin el concepto de seguridad.