Trujillo, el presidente como Dios y la eterna nostalgia por la mano dura
Aunque nos empeñemos en negarlo, el dominicano ve la figura de los presidentes como un dios y añora a Rafael Leónidas Trujillo Molina.
Nuestra clase política ha repetido muchas de las mañas y técnicas que usaba el tirano, asesinado el 30 de mayo de 1961.
El dominicano visualizaba a “Dios y Trujillo”. La Iglesia Católica tuvo que ver con santificar, igualar al tirano con Dios: en algunas iglesias cantaban canciones a “San Rafael”, refiriéndose al santoral (el Santo Rafael) o al día que nació Trujillo, que se llama Rafael.
Nació el 24 de octubre de 1891. Es decir, lo único que faltaba era que dijeran “San Trujillo”, pero lo acomodaron y decían “San Rafael”…Don Mario Read Vittini me contó, en una entrevista para el diario El Caribe, y lo relata en su libro “Trujillo de Cerca”, que había gente que tenía al tirano como un santo en un altar, al que le prendían velas y le pedían milagros.
Antes que a Trujillo, al presidente Horacio Vásquez lo endiosaban como una figura mitológica: decían que era la “Virgen de la Altagracia con Chiva”. Al presidente Joaquín Balaguer sus seguidores lo veían como un ser sobrenatural; y él frecuentemente hacía gala de su protección divina.
Una vez, el helicóptero en que viajaba tuvo un desperfecto técnico y aterrizó de emergencia.
Balaguer atribuyó a Dios y a la Virgen de la Altagracia el hecho de haber sobrevivido a una muerte segura.
Durante una Semana Santa, cuando gobernaba el Partido dela Liberación Dominicana (PLD), una diputada de Moca, Olfalida Almonte, comparó al presidente Danilo Medina con Jesucristo.
Las críticas fueron tan despiadadas, con todo tipo de burlas, llamándola satánica y blasfema, que ella dijo que se sentía perseguida.
Lastimosamente, ella tiene razón, pues dice el historiador Euclides Gutiérrez Félix que lo que más se parece a Dios es un Presidente, por todos los poderes que concentra. Recuerdo también que al expresidente Leonel Fernández le cantaban canciones diciendo que “no hay nadie más para sustituirte…”, es decir, viéndolo como un líder mesiánico. Son dos elementos que se combinan: ver al Presidente como un dios, centro de todo, que todo lo puede y todo lo ve; y una eterna simpatía por la “mano dura” de los dictadores, como Trujillo. En el 2006, en una entrevista para la revista “Cambio”, el historiador Ramón Font Bernard señaló que “el modelo Trujillo aún gravita en el país”, bajo la premisa de organizar la nación “rompiendo cabezas”.
Font citaba como muestra que “la gente suspira por el señor Pedro de Jesús Candelier, como el hombre que puede poner orden y autoridad”, a base de sangre y fuego. Fue un temido jefe de la Policía, muy famoso porque combatía la delincuencia con “intercambios de disparos”, en los que murieron muchos jóvenes que eran presuntos delincuentes.
Mi opinión es que un gobernante no es un dios, sino un humano con virtudes y defectos. Y, en segundo lugar, la solución no es la famosa “mano dura”.
El orden debe entrar a través de las leyes sociales. La piedra angular de todas las naciones que se han desarrollado es una justicia fuerte, en todo el sentido de la palabra.