¿Asunto de aulas o mejor gestión de contenidos?
Entre otros temas, agosto incluye el regreso a las aulas en República Dominicana, pero se me ocurre pensar que con ese regreso no es suficiente.
Como dicen en misa, “es justo y necesario”, además de urgente, que también aprovechemos otros espacios para aprender.
Para este año escolar 2026-2027, el gobierno dominicano ha manifestado su empeño de cara a asegurar que las escuelas estén listas y que los maestros reciban capacitación.
Sin embargo, el inicio de clases llega con preocupaciones.
Mientras la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) advierte sobre las grietas físicas en planteles, y Acción Empresarial por la Educación (Educa) valora la creación de un «banco de tiempo» para recuperar días de docencia perdidos, una amenaza invisible debería ocuparnos con alto empeño: la falta de pensamiento crítico en nuestra vida diaria.
Este año escolar no será uno cualquiera porque nos acercamos a otro proceso electoral. Y para quien lo considera lejano, desde ya nos tienen entre aspirantes y hasta con discusiones en torno a encuestas y otros temas de campaña. De todos modos, con o sin campaña, vivimos bombardeados por una inmensa avalancha de muchos miles de mensajes diarios en redes sociales y plataformas.
En este complejo mar de información, aprender a pensar por nosotros mismos ya no es solo una tarea para sacar buena nota en el aula; es una herramienta de supervivencia para defender nuestra mente, nuestra libertad y nuestra democracia.
Convergencia mediática
Hoy en día, con un celular en la mano, todos vivimos en «convergencia mediática». Recibimos mensajes simultáneos por WhatsApp, TikTok, Facebook y una larga lista de medios. El gran peligro es que muchos de estos mensajes son falsos.
La investigación científica nos enseña que es vital aprender a distinguir entre dos tipos de mentiras. Por un lado, información errónea, que ocurre cuando alguien comparte un dato equivocado de manera inocente o por simple confusión. Por otro lado, la desinformación, que consiste en mentiras creadas a propósito para engañar a la población o para ganar dinero.
En cualquier tiempo, pero principalmente en el que se avecina, estas formas de desinformación correrán como pólvora por nuestros celulares. Nos llegarán videos manipulados con inteligencia artificial, textos escandalosos y promesas exageradas diseñadas para despertarnos rabia o miedo. Si no estamos atentos, podemos caer en la «publicidad híbrida», un truco donde nos presentan un mensaje pagado o con intenciones ocultas bajo la apariencia de una noticia real, una recomendación desinteresada o la opinión de cualquier “influencer”.
¿Cómo podemos protegernos frente a esta embestida? En el pasado, se confiaba en medios que se habían ganado la confianza. Pero en nuestro mundo digital moderno, ese modelo ha cambiado. Ahora no hay Chapulín para defendernos. Ahora, la verdadera clave reside en la co-responsabilidad ciudadana. Esto significa que cada uno de nosotros tiene el deber de convertirse en el primer filtro de la información que consume y comparte. No debemos creer algo solo porque lo envió alguien conocido por WhatsApp o porque la publicación tiene miles de vistas.
La verdadera educación
La verdadera educación no consiste solo en aprender cómo usar un celular o cómo buscar información rápida en internet. Como señalan especialistas, muchas veces nuestros sistemas escolares se enfocan demasiado en enseñarnos la parte técnica (el «cómo» usar la tecnología), pero olvidan enseñarnos lo más importante: el «para qué».
Por eso necesitamos desarrollar un sentido crítico profundo, una actitud activa que nos impulse a hacernos preguntas sencillas ante cualquier publicación llamativa: ¿Quién realmente manda a decir esto? ¿De dónde obtuvo la información? ¿Qué interés oculto puede tener esa persona?
En este tema tenemos dos tipos de grietas que no deben esperar más. Arreglar a tiempo las grietas físicas de nuestras escuelas es una tarea urgente de las autoridades. Sin embargo, arreglar las grietas de nuestra atención y juicio crítico frente a las pantallas es una responsabilidad compartida de toda la sociedad. Mi propuesta es que para este año escolar 2026-2027 decidamos educarnos no solo para pasar de curso, sino para ser ciudadanos libres que nadie pueda manipular con mentiras. Tenemos dos tareas: regresar a las aulas con la mente bien despierta y aprender a pensar con cabeza propia.